He leído el reportaje sobre la Princesa Inca y me gustaría contar mi caso. Padecí mi primera crisis psicótica hace 21 años. Desde entonces habré sufrido unas ocho (no sabría decir cuántas con exactitud). He trabajado como funcionaria casi 10 años, en los que acumulé 11 meses de baja. En buena hora aprobé esas oposiciones, pues en cualquier otro trabajo haría tiempo que me habrían echado. A la hora de hacer los partes de baja, mi médico de cabecera, después de leer el informe de psiquiatría, me aconsejaba que no apareciera la palabra psicosis y me proponía escribir "depresión" a lo que yo contestaba: “Sí, pon eso, queda mucho mejor”. Durante todos estos años he contado verdades a medias, he puesto excusas, he disimulado, me he aguantado, todo por- que tenía que ocultar una verdad innombrable, que causa miedo a los demás, las terribles palabras "tengo una enfermedad mental': Es duro. A mis buenos amigos siempre se lo he contado, aunque con dificultad, pues ni yo misma lo en- tendía, y ningún problema, que para eso son mis amigos. Alguna vez por inocencia se lo he contado a quien no debía y sé lo que es el rechazo. Así, abiertamente, jamás he dicho una palabra. Ya conocía. a la Princesa Inca por el programa de Gernma Nierga y lo pasaba muy bien escuchándola y admirando lo que ella y sus compañeros hacían por que el terrible tabú de la locura dejara de serlo.
Aun así, yo seguía sintiendo que mi secreto debía seguir escondido. Todo iba saliendo del armario: la homosexualidad, el cáncer, el alzhéímer, la violencia de género, la fibromialgia ... Pero esto era distinto, era el mundo de lo desconocido y de los monstruos. Si yo no hubiera leído el artículo sobre la Princesa Inca en su revista, jamás habría dicho en público que padezco esta enfermedad. Y quería contarlo por- que es la verdad y no quiero seguir ocultándola, yo no soy una apestada. Peor que las crisis psicóticas ha sido el miedo que me ha paralizado y atenazado durante años. Con el aprendizaje de la vida y el apoyo de las personas que me quieren, mi familia y mis médicos, he conseguido vencer el miedo y con ello una gran mejoría. También he realizado un cambio que ha sido fundamental: conseguir una psiquiatra con la que ten go una comunicación totalmente fluida. Antes, cuando salía de la consulta, no sabía lo que me habían dicho. Ella no siempre cambia mi medicación, muchas ve- ces me cura a base de palabras. Ella nos apoyó cuando le dijimos que queríamos ser padres, con la inicial opinión en contra de ginecología. Nos advirtió de que había peligro de sufrir una nueva crisis psicótica en el posparto, como así fue, pero ahora somos unos felices y primerizos padres cuarentones. Salvo un periodo inicial, siempre he sido atendida por la Seguridad Social, siempre que lo he necesitado he tenido un psiquiatra, cualquier día, a cualquier hora. He pasado por un par de diagnósticos o tres, y hoy día mi psiquiatra dice que probablemente esté en la familia de los trastornos esquizoafectivos ... No es que me importe mucho cómo se llame, pero sí que, al atinar más en el diagnóstico, se sepa mejor qué tratamiento darle. Sigo aprendiendo a convivir con mi enfermedad y cada vez lo llevo mejor. Y nunca hasta hoy me había atrevido a contarlo. Gracias por habernos dado voz, Princesa Inca. Silvia Munilla. Fuente: El Pais Semanal.
Realmente aún es difícil hablar sobre enfermedades mentales aunque poco a poco llama menos la atención si digo que tengo unas neuronas mal funcionando y por eso tengo que tomar de por vida medicación.

