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14/10/21

 El trastorno bipolar en los jóvenes: avances y retos




Justo estaba investigando y realizando entrevistas sobre el trastorno bipolar cuando comenzaron a sonar noticias en mi barrio de la ciudad de Nueva York sobre un hombre de 21 años que llevaba extraviado una semana. Los comunicados lo describían como “bipolar” y decían que “tal vez esté experimentando un episodio maníaco”.

Leer estas noticias me transportó casi siete décadas atrás, a aquel día en que la policía estatal de Texas llamó a mi padre para informarle que habían encontrado a su hermano, mi tío favorito, deambulando en la carretera. Nunca supimos cómo llegó hasta ese lugar desde Nueva York. Al parecer, sufrió un brote psicótico y terminó en un hospital de salud mental del estado de Nueva York que, fuera de aplicar tratamientos con choques eléctricos, ofrecía pocas herramientas para ayudarlo a reincorporarse a la sociedad con efectividad.

No fue sino varias décadas después que le dieron el diagnóstico correcto: tenía depresión maníaca o, como se le denomina en la actualidad, trastorno bipolar. Caracterizada por cambios bruscos en el estado de ánimo, la “enfermedad maníaco-depresiva” fue reconocida oficialmente por la Asociación Americana de Psiquiatría en 1952. Por desgracia, pasaron muchos años antes de que existiera un tratamiento efectivo (el fármaco litio, que ayuda al cerebro a estabilizarse cuando sufre episodios agotadores de manía y depresión graves) para ayudar a mi brillante tío a reanudar su vida con cierta normalidad.

Por lo regular, el trastorno bipolar es un padecimiento que sufren miembros de una misma familia, y cada uno experimenta los síntomas en mayor o menor medida. Si uno de los padres padece el trastorno, el riesgo de sus hijos aumenta al diez por ciento. El hijo único de mi tío manifestó algunas características de conducta del trastorno bipolar de poca importancia, como aumento considerable en la velocidad de locución y actividad frenética, pero a pesar de ello pudo completar dos grados universitarios, casarse, ser padre de familia y tener una exitosa carrera de gran exigencia intelectual.

El trastorno bipolar suele diagnosticarse al final de la adolescencia o al inicio de la edad adulta, y afecta aproximadamente al cuatro por ciento de la población en algún momento de su vida. Sin embargo, en décadas recientes se ha observado un notorio incremento en el diagnóstico de esta enfermedad en niños y adolescentes, aunque algunos expertos están convencidos de que hay sobrediagnóstico de este trastorno e incluso sobretratamiento con fármacos psiquiátricos potentes.

Los síntomas observados en los niños en un principio pueden confundirse con otros padecimientos, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (o TDAH) o el trastorno oposicionista desafiante (o TOD), lo que puede causarles gran angustia a los jóvenes tanto en casa como en la escuela durante años. Como señaló en nuestra entrevista David Miklowitz, profesor de Psiquiatría en la Escuela de Medicina de UCLA, todavía existe “un rezago de alrededor de diez años entre la aparición de los síntomas y la identificación del tratamiento adecuado”.

A partir de un análisis del historial de varios pacientes, Boris Birmaher, profesor de Psiquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburgh, concluyó: “En casos que corresponden hasta al 60 por ciento de los adultos con trastorno bipolar, los síntomas anímicos comenzaron a manifestarse antes de los 20 años de edad. Por desgracia, el trastorno bipolar pediátrico en general no se identifica, y muchos jóvenes que padecen esta enfermedad no reciben tratamiento o se les atiende por afecciones comórbidas en vez del trastorno bipolar”.

No obstante, Birmaher, quien se especializa en trastorno bipolar de inicio temprano, advierte lo siguiente: “El trastorno bipolar pediátrico afecta gravemente el desarrollo normal y el desempeño psicosocial, además de aumentar el riesgo de problemas de conducta, académicos, sociales y legales, así como de psicosis, abuso de narcóticos y suicidio. Mientras más se tarde en comenzar el tratamiento adecuado, peores serán las consecuencias en la edad adulta”.

La detección temprana, que es más probable cuando hay antecedentes de trastorno bipolar en la familia, les da a algunos jóvenes afectados la opción de probar el tratamiento con terapia familiar y conductual y, si la respuesta es positiva, obviar el uso de medicamentos, sugirió Miklowitz.

En general, es preferible evitar tratamientos con fármacos en el caso de los niños. Terence A. Ketter, profesor retirado de Psiquiatría de la Universidad de Stanford, afirmó que un problema es que cuando “las autoridades se topan con un grupo de niños con mala conducta, lo primero que piensan es que deben darles antipsicóticos para lograr que se comporten bien, pero pueden convertirse en una especie de zombis si se les aplica tratamiento innecesario”. Concordó con Miklowitz en que, “en promedio, los niños necesitan alrededor de una década y consultas con tres médicos distintos para recibir el diagnóstico y el tratamiento adecuados”.

Otra dificultad para dar el diagnóstico y tratamiento adecuados es la inagotable energía y la impresionante productividad y creatividad que van ligadas a los episodios de manía. Es probable que un joven no reciba la atención médica que necesita hasta que la manía dé paso a una depresión grave o, como en el caso de mi tío, psicosis.

Ronald Braunstein, director de la Orquesta Me2, que creó con Caroline Whiddon para apoyar a personas talentosas con enfermedades mentales, recordó que a los veintitantos años estaba montando en una ola frenética de logros artísticos cuando una depresión paralizante le provocó un colapso profesional y personal. Sin embargo, durante décadas no fue atendido adecuadamente y experimentó repetidos ciclos de grandes éxitos como director, seguidos de grandes fracasos.

Le pregunté a Braunstein, que ahora tiene 65 años y durante los últimos 14 años al fin ha recibido un tratamiento eficaz para el trastorno bipolar, qué recordaba sobre los primeros signos de su enfermedad mental.

“Todo parecía estar mal en mi adolescencia, no me sentía equilibrado emocionalmente”, dijo. “Las cosas eran más raras de lo que deberían haber sido cuando era adolescente. Mi padre una vez me llevó a un psiquiatra que me diagnosticó que tenía ‘nervios malos’”.

Describió así uno de los primeros síntomas de la manía:“Quería aprender a volar, y pensé que si bajaba una colina lo suficientemente rápido e inclinaba las manos en cierto ángulo, habría volado. En la escuela secundaria les dije a mis compañeros de estudios que sabía volar y fui a lo alto de un edificio para hacer una demostración. Afortunadamente, me convencieron de no hacerlo”.

Dijo: “No sabía qué estaba mal o si podía tratarse”. Añadió que para los padres de adolescentes, que pueden tener dificultades para reconocer el comportamiento anormal en los adolescentes, “a veces es difícil distinguir qué es una enfermedad y qué es una grandiosidad normal o una tristeza normal que podría haber sido causada por la ruptura con una novia”.

Birmaher enfatizó que, aunque los jóvenes que padecen trastorno bipolar por lo regular sufren episodios repetidos de depresión grave, “los episodios depresivos no son indispensables para llegar a un diagnóstico”. En algunos casos, la manía es el principal síntoma.

Cuando la depresión es el síntoma que lleva a los pacientes a buscar atención profesional, el diagnóstico correcto puede ser especialmente difícil. Como explicó Ketter, las personas con depresión en ocasiones no pueden recordar episodios anteriores de manía que se presentaron cuando no estaban deprimidas.

Miklowitz mencionó que una de las primeras señales del trastorno bipolar es la “desregulación anímica, es decir, que el niño sienta enojo o depresión en determinado momento y al poco tiempo se sienta emocionado, feliz y lleno de ideas”.

Hizo una lista de características que pueden ayudar a los padres a distinguir estos extremos de los altibajos normales de la adolescencia. Algunos de estos síntomas, muchos de los cuales deberían ser evidentes para quienes están alrededor, son “delirios de grandeza, menor necesidad de sueño, habla acelerada o apresurada y/o pensamiento ideofugitivo, frenesí de ideas, distracción, excesiva actividad enfocada en objetivos y comportamiento riesgoso e impulsivo”, indicó Miklowitz.

En cuanto a los síntomas de depresión, sugiere observar si hay “algún deterioro en las actividades normales; por ejemplo, si el niño de repente comienza a ausentarse de la escuela o a llegar tarde, no termina la tarea, se queda dormido en clase, baja de calificaciones, no quiere comer con nadie más, habla de suicidio o se lastima”.

Dependiendo de la gravedad del deterioro en cada caso, si se detectan en la adolescencia síntomas que no ponen en riesgo la vida, Miklowitz dijo que quizá sea posible comenzar con psicoterapia y evitar los medicamentos, que tienen efectos secundarios.

“Sin embargo, si la vida del menor corre peligro, si no puede realizar sus actividades normales en casa o en la escuela, es posible que algún fármaco sea la respuesta correcta”, aclaró. “Evitar el uso de fármacos conlleva ciertos riesgos”.

Cuando es necesario el uso de medicamentos, explicó, la dosis debe ser solo la suficiente para controlar los síntomas y no para sedar al paciente en exceso.

21/7/20

¿Qué es el trastorno afectivo bipolar?

El trastorno afectivo bipolar, conocido antiguamente como enfermedad maniaco-depresiva, es un trastorno cerebral grave que causa cambios repentinos e intensos en el estado de ánimo. Las personas con trastorno bipolar pasan de sentirse muy contentas y llenas de energía, a sentirse sin esperanzas y muy deprimidas; y este ciclo vuelve y se repite. Estas “subidas” (llamadas manía) y “bajadas” (llamadas depresión) son mucho más intensas que los altibajos normales que todos experimentamos de vez en cuando. Los científicos piensan que el trastorno bipolar puede presentarse en varias generaciones de una misma familia. También la estructura cerebral de las personas puede contribuir al desarrollo del trastorno bipolar.


Aunque los síntomas varían de una persona a otra, a continuación se mencionan ejemplos de síntomas frecuentes de manía y depresión.

Son síntomas de manía:
Sentirse muy animado o con mucha energía
Sentirse nervioso, agitado o irritable
Sentirse invencible; como si nada pudiera hacerle daño
Enfurecerse fácilmente
Estar demasiado activo
Hablar rápidamente y cambiar pronto de tema
Sentir poca necesidad de dormir
Actuar imprudentemente o correr riesgos (por ejemplo, consumir drogas, tener relaciones sexuales sin protección o gastar mucho dinero)

Son síntomas de depresión:
Sentirse desanimado o triste
Sentirse muy preocupado, sin esperanzas o sin autoestima
Tener dificultad para concentrarse y para recordar las cosas
Perder el interés en actividades que solía disfrutar
Sentirse cansado y volverse mucho menos activo
Comer mucho más o mucho menos que lo usual
Tener dificultad para dormir
Pensar a menudo en la muerte o considerar el suicidio

¿Cómo se trata el trastorno bipolar?

El trastorno bipolar puede tratarse con medicamentos o psicoterapia (hablar con un terapeuta capacitado). Entre los medicamentos para tratar el trastorno bipolar están los estabilizadores del ánimo (como el litio), los medicamentos antipsicóticos y los medicamentos antidepresivos. Cada persona responde de manera diferente a los diversos medicamentos antipsicóticos. Es probable que necesite probar varios medicamentos o combinaciones de ellos antes de encontrar el más eficaz para usted.
Su médico también puede sugerirle otros tratamientos sin medicamentos que puedan ayudarle a sobrellevar su enfermedad y los síntomas. Entre esos tratamientos están la consejería o los grupos de apoyo.
En ocasiones, los médicos recomendarán la hospitalización para ayudar a las personas con trastorno bipolar a estabilizar su ánimo.

Fuente: Agency for Healthcare Research and Quality (US)

14/5/12

Trastorno bipolar


A mi hermano le han diagnosticado trastorno bipolar. Me gustaría saber en qué consiste esta enfermedad mental, si tiene cura y si es hereditaria.

Las personas que sufren esta patología mental experimentan cambios de ánimo bruscos y exagerados, alternando fases de fuerte depresión con otras de euforia exagerada, también llamada manía. Existen dos tipos: el trastorno bipolar tipo I, en que se alternan un episodio completo e manía como mínimo con otros de depresión grave, y el tipo II, cuando no se padece un episodio maníaco completo sino breves periodos de euforia combinados con episodios de depresión. Estos síntomas suelen acentuarse cuando se experimentan cambios importantes en  la vida, como el nacimiento de un hijo, se sufre insomnio, se abusa del alcohol o se toman drogas psicoactivas como la cocaína o el hachís. Aunque no tiene cura, el trastorno responde muy bien al tratamiento a base de psicofármacos y psicoterapia. Aunque no se trata de una enfermedad hereditaria, hay una gran predisposición genética a sufrirla, por lo que no es extraño que se den varios casos en una misma familia.

CONSEJO. Es importante que el paciente no abandone la medicación ya que, si lo hace, los brotes vuelven a aparecer incluso, en ocasiones, más acentuados.

Fuente: “pronto” nº 2089 de 19-5-2012

6/4/12

Diagnóstico

 El diagnóstico se basa en las experiencias de las que informa el propio paciente así como anormalidades en la conducta referidas por los miembros de la familia, amigos o compañeros de trabajo, seguido por los signos secundarios observados por un psiquiatra, enfermero, trabajador/a social, psicólogo clínico u otro diagnosticador cualificado mediante una evaluación clínica.
Existe una lista de criterios que se deben cumplir para que alguien reciba el diagnóstico. Éstos dependen tanto de la presencia como de la duración de determinados signos y síntomas.

Los criterios que más se utilizan habitualmente para diagnosticar el trastorno bipolar son los expuestos en el Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales, que actualmente está en su cuarta edición revisada (DSM-IV-TR) y también la "Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relativos a la Salud" de la OMS, que actualmente están en la versión ICD-10.
Estos últimos criterios son más utilizados en los países europeos mientras que los criterios del DSM se usan en los EEUU o en el resto del mundo, y también son los que prevalecen en los estudios de investigación.

La característica principal es que es «cíclica» (bipolar), es decir etapas normales seguidas de períodos, episodios o etapas maníacas o depresivas, por separado o alternándose.

Las personas que padecen de este trastorno viven cuando están con crisis en los dos extremos opuestos de la vida; cuando están «deprimidas», pierden el interés en la vida, llegando a pensar en la muerte y en el suicidio para dejar de sufrir.

De igual modo, cuando están contentos, se llenan de «euforia» y ven todo de color rosa, se sienten capaces de hacer cualquier cosa, y llegan al extremo de no dormir por considerar que es una actividad innecesaria dentro de su nueva faceta de "inacabable movilidad".
En algunos casos la euforia es tal que pueden llegar a cometer acciones que en un estado de conciencia normal no harían, como consumir drogas o gastar dinero hasta la ruina económica propia y familiar.

Aparece alrededor de los 20 años, pero también puede aparecer antes o después. A veces empieza a manifestarse después de un parto.

Los períodos en los cuales el afectado suele estar deprimido o eufórico suelen ser variables y están relacionados a cambios meteorológicos y de estación, o a circunstancias de la vida (acontecimientos vitales). Entre cada fase, el afectado está en un estado normal.

Se dice que de cada 1000 personas, 10 ó 15 padecen el trastorno bipolar, y si uno de los padres la padece, la posibilidad de que los hijos la padezcan aumenta hasta en un 15%, pero la heredabilidad general de este trastorno es de un 80%.

Fuente: Wikipedia

25/10/11

Qué significa el nombre "trastorno bipolar"

El término "bipolar" está referido a los dos estados psicológicos de la manía y la depresión asociados con esta enfermedad. De ambos estados derivaba precisamente su anterior denominación: "depresión maníaca". Aunque muchas personas que padecen este trastorno presentan episodios mayormente depresivos o maníacos, por lo general predominan los caracterizados por una mezcla de ambos síntomas.

El trastorno bipolar causa otras muchas cosas al margen de las citadas manía y depresión. Puede asimismo inducir sentimientos de irritabilidad, furia, celos, resentimiento, ansiedad, aislamiento social, vergüenza, miedo, incapacidad, arrepentimiento y confusión extrema. Además de estas variaciones en el humor, usted puede experimentar fluctuaciones drásticas en sus niveles de energía, su actividad, su peso, su metabolismo, y en los ciclos de la conciencia y el sueño. El trastorno bipolar incrementa su sensibilidad al estrés de manera tan acusada que le hace muy vulnerable a los cambios que plantea la vida diaria.

El trastorno bipolar impide el pensamiento como resultado de mermar la capacidad de concentración y la memoria, toda vez que aumenta la tendencia a la distracción. El falta de juicio, la impulsividad, los pensamientos recurrentes, obsesivos, y las acciones compulsivas y exageradas propician la dedicación excesiva al trabajo, los abusos y la asunción de riesgos innecesarios. Los problemas de procrastinación, la escasa motivación y la dificultad para iniciar y/o finalizar los proyectos dificultan en gran medida la consecución de los objetivos vitales.

Fuente: Manual Del Trastorno Bipolar